El huevo de la serpiente
07:28 pmLa presidenta de Brasil narró ante la prensa los horrores que vivió en las cárceles de la dictadura militar de su país; ella era una joven militante de izquierda, casi una adolescente, con su cabeza llena de ilusiones y una disposición de lucha mucho más allá de su participación en manifestaciones; por eso muy pronto su nombre fue incluido en el listado de “enemiga del gobierno, de la democracia y de la libertad”, que confeccionaban los cuerpos de seguridad.
¡Una frágil niña en garras de los torturadores, vulgares sayones, torcidos del alma, que se solazaban con el dolor ajeno!, eran los defensores de la libertad y de la sociedad democrática y cristiana amenazada por el comunismo internacional, tal la fraseología usada en los discursos de los oficiales y de los mandatarios de la época.
Las dictaduras militares de Chile, Argentina y Brasil fueron las más feroces del continente; a sus escuelas asistían los aprendices de otros lares; allí bebían las enseñanzas de la muerte; allí preparaban cuerpo y espíritu para la defensa del sistema.
Se han escrito innumerables obras detallando brutalidades; todavía se buscan niños separados de sus padres en el momento de ser llevados estos a las cámaras de la muerte, unos eran adoptados por policías, otros eran entregados a soldados; espectáculos horribles como el de sacar un bebé por la ventana de un quinto piso tomado de sus pies amenazando soltarlo si el padre o la madre no confesaban; en fin, el mar y sus conchas.
¿Qué sistema político puede ser legítimo si está asentado en el terror y en el dolor? Aquí en Honduras el escritor Longino Becerra escribió el libro “Cuándo las tarántulas atacan”, donde describe la angustia en la búsqueda de un desaparecido y su encuentro en el depósito de cadáveres suspendido por un gancho de atar carne introducido en la boca; pero lo que es peor, el miedo y precauciones extremas de ciertos políticos que navegaban con bandera democrática y hasta revolucionaria.
Sigo creyendo que en cada unidad militar hay en incubación un huevo de serpiente esperando las condiciones propicias para reventar y expulsar su contenido diabólico; no se trata de sentimientos personales de nadie, sino de la naturaleza de la institución que vuelve irracionales a quienes por naturaleza pueden ser compasivos.
Por estas razones y por ser además lesivas al tesoro nacional, por no tener una función concreta y cierta que realizar en la época actual, es que no tienen razón de existir las Fuerzas Armadas.
Ricardo Trotti
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